Muchas parejas me escriben con una mezcla de emoción y saturación: «Queremos que sea increíble... pero no sabemos por dónde empezar», «No tenemos tiempo para planificar», «Nos da miedo equivocarnos y arrepentirnos».
Y es normal. Después de meses organizando la boda, lo último que apetece es sentarse a comparar paquetes de viaje de novios en internet. La luna de miel debería ser justo lo contrario: ligera. Por eso digo siempre lo mismo: una luna de miel bien diseñada no va de meter mil cosas, va de colocar las cosas correctas.
Así que no trabajo con itinerarios prefabricados. Cada viaje parte de una conversación real: vuestras fechas, vuestro estilo y lo que os hace ilusión de verdad. Y habláis siempre conmigo: no hay centralita ni rotación de agentes. Desde la primera llamada hasta que aterrizáis de vuelta, la misma persona lleva vuestro viaje.