Cuando tenemos pocos días, aparece la trampa mental de «aprovechar». Y aprovechar se confunde con llenar agenda. Planes desde las 9:00 hasta la noche, cambios de barrio, colas, prisas... y al final vuelves más cansado que cuando saliste.
Mi regla es simple: en escapadas, menos es más. Porque lo que te llevas no es la cantidad de cosas que tachaste, sino la sensación de haber disfrutado sin correr.