Organizar un viaje no es solo reservar vuelos y hoteles. Es asumir un montón de microdecisiones que, sumadas, se convierten en un trabajo: investigar zonas seguras y bien ubicadas, entender distancias reales, comparar alojamientos con criterio, coordinar traslados, revisar políticas de cancelación, filtrar experiencias... y tener un plan B si algo cambia.
Si organizar el viaje te roba la ilusión, ya no compensa.