El error clásico es reservar «lo que me apetece» antes de ver el conjunto: «reservé este hotel porque me encantó», «compré este vuelo porque estaba barato»... Y luego todo lo demás tiene que encajar a la fuerza.
Resultado: traslados incómodos, noches mal colocadas, prisas y, muchas veces, sobrecostes. En un viaje a medida, el viaje se construye como un puzzle: primero se coloca la estructura y luego se afinan los detalles.