Muchas parejas llegan con una mezcla de emoción y saturación: «Queremos que sea increíble... pero no sabemos por dónde empezar», «No tenemos tiempo para planificar», «Nos da miedo equivocarnos y arrepentirnos».
Y es normal. Con todo lo que conlleva una boda, la luna de miel debería ser lo contrario: ligera. Por eso yo siempre digo lo mismo: una luna de miel bien diseñada no va de meter mil cosas, va de colocar las cosas correctas.